Trasplantar es la tarea que casi todo el mundo pospone y la que las plantas perdonan con más facilidad. Una planta a la que le queda pequeña la maceta no corre peligro, solo está estancada. Sus raíces han ocupado todo el espacio, el agua se escurre por el cepellón compacto antes de que pueda empaparse y ya no le quedan nutrientes en la tierra. Si le das una maceta un poco más grande y sustrato fresco, volverá a crecer. Aquí te explicamos cuándo hacerlo y cómo lograrlo sin frenar su desarrollo.
Cuándo necesita un trasplante
Hay cuatro señales claras, y con que veas una sola es suficiente. Las raíces salen por los agujeros de drenaje o forman espirales visibles en la superficie. El agua pasa directa por la maceta y sale por abajo en cuestión de segundos, porque hay más raíz que tierra para retenerla. La planta se seca mucho más rápido que antes y te pide agua cada dos días en vez de aguantar una semana entera. O sencillamente ha dejado de crecer en la época en la que debería estar haciéndolo.
La mayoría de las plantas de interior necesitan una maceta más grande cada uno o dos años cuando son jóvenes, y cada dos o tres años cuando ya son adultas. Las de crecimiento rápido, como los potos, las cintas o las monsteras, alcanzan el límite antes. Las de crecimiento lento, como las sansevierias o las zamioculcas, pueden estar a gusto durante años e incluso florecen mejor cuando están un poco apretadas.
La mejor época del año
La primavera y el principio del verano, justo cuando la planta empieza a brotar, es el momento ideal. Las raíces que se dañan durante el cambio cicatrizan antes cuando la planta está en pleno crecimiento, y tiene toda la temporada por delante para llenar el nuevo espacio. Trasplantar en otoño o invierno no es mortal, pero una planta en reposo no se recupera tan rápido, y la tierra húmeda que las raíces dormidas no usan suele ser el origen de la podredumbre.
La excepción son las emergencias: una maceta que se ha roto, un sustrato que huele mal y se ha echado a perder, o una planta que se está pudriendo a ojos vista. En esos casos, trasplanta en cuanto ocurra y mantén la tierra nueva más bien seca después.
Cómo elegir la maceta
Una sola talla más, lo que equivale a entre 2 y 5 cm más de diámetro que la maceta actual. La tentación de subir dos tallas para no tener que repetir el proceso es grande, y es el error más común al trasplantar. Un cepellón rodeado de una capa gruesa de tierra vacía se queda húmedo mucho tiempo tras cada riego, porque no hay raíces que absorban esa agua, y en esa franja empapada es donde empieza a pudrirse.
Los agujeros de drenaje son obligatorios. Una maceta sin agujeros solo sirve como cubremacetas para poner otra de plástico dentro. El barro o la terracota transpiran y se secan antes, lo que va muy bien para suculentas, cactus o si tiendes a regar de más. El plástico y la cerámica esmaltada retienen la humedad más tiempo, ideal para helechos, calateas o si sueles despistarte con el riego.
Cómo elegir el sustrato
Usa sustrato nuevo para macetas y nunca tierra de jardín, que se compacta y suele traer plagas. Una mezcla universal para plantas de interior sirve para casi todo. Añade un tercio de perlita o corteza de pino si se trata de aráceas como monsteras o filodendros, que necesitan aire en las raíces. Usa un sustrato específico para cactus y suculentas. Las orquídeas necesitan corteza, nada de tierra.
El sustrato viejo está agotado: su estructura se ha deshecho y no le quedan nutrientes. Cambia todo el que se desprenda con facilidad, pero sin dejar las raíces peladas. Basta con ahuecar los primeros centímetros exteriores del cepellón y desenredar las raíces que giren en espiral.
El paso a paso
Riega la planta el día de antes para que el cepellón salga entero y las raíces estén flexibles en lugar de quebradizas. Pon una capa de sustrato nuevo en la maceta nueva, a una altura suficiente para que la parte superior del cepellón quede a unos 2 cm por debajo del borde. Tumba la maceta vieja de lado, sujeta el tallo entre los dedos y saca la planta con suavidad. Si se resiste, pasa un cuchillo por el borde interior o presiona la maceta si es de plástico para despegarla.
Ahueca las raíces exteriores con los dedos. Corta con unas tijeras limpias todo lo que esté negro, blando o huela mal. Coloca la planta en la maceta nueva a la misma profundidad a la que estaba, y rellena los huecos con sustrato, presionando suavemente para eliminar bolsas de aire grandes sin apelmazarlo. Riega hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje y deja que escurra del todo.
Las dos semanas siguientes
Es habitual que una planta recién trasplantada se resienta un poco: hojas algo caídas, una o dos hojas amarillas o una pausa en su crecimiento. Es normal. Mantenla lejos del sol directo durante una semana, no le eches abono en un mes (el sustrato nuevo ya trae alimento de sobra y el fertilizante quemaría las raíces dañadas) y riega solo cuando la parte superior de la tierra se haya secado. Al ser una maceta más grande, el tiempo entre riegos será mayor de lo habitual.
Si la planta se marchita mucho y la tierra sigue húmeda, perdió más raíz de la cuenta en el trasplante. La solución es menos agua, no más. Dale tiempo. Si ves brotes nuevos a las tres o cuatro semanas, las raíces ya se han asentado.
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Fuentes
- Royal Horticultural Society, "Houseplants: growing and care." rhs.org.uk