El abono suele ser esa parte del cuidado de las plantas que o bien se olvida del todo, o bien se aplica de más. Ambas situaciones tienen arreglo, pero pasarse es peor. Una planta de interior en maceta tiene una cantidad limitada de nutrientes en el sustrato, y la mayoría de tierras se agotan en pocos meses. A partir de ahí, la planta depende de lo que tú le des. Lo bueno es que necesita muy poca cantidad y el ritmo es sencillo si sigues las estaciones.
El ritmo: solo en época de crecimiento
Las plantas de interior crecen cuando hay buena luz, más o menos de marzo a septiembre en el hemisferio norte, y descansan el resto del año. El abonado sigue a la luz. Durante la época de crecimiento, un fertilizante líquido equilibrado cada dos o cuatro semanas basta para la gran mayoría de plantas de hoja. En otoño ve reduciendo la frecuencia y, desde finales de octubre hasta febrero, no abones nada: en reposo la planta no asimila los nutrientes, que se acumulan en la tierra en forma de sales y queman las raíces.
Si tienes plantas bajo luces de cultivo todo el año, apenas entran en reposo, así que un abonado suave una vez al mes durante el invierno les vendrá bien. La propia planta te da la pista: si saca hojas nuevas, puedes abonarla.
Siempre a media dosis
Las instrucciones de los fertilizantes están pensadas para condiciones ideales y un crecimiento vigoroso en exterior. En interior, con menos luz, las plantas consumen mucho menos. Diluir a la mitad de la dosis recomendada y respetar los intervalos aporta todo lo que la planta necesita, con un buen margen de seguridad frente a excesos. Hay quien prefiere usar una cuarta parte de la dosis en cada riego, algo muy práctico si el sustrato drena muy rápido.
Riega primero y abona después. Aplicar fertilizante sobre raíces secas es la forma más rápida de quemarlas. Puedes regar solo con agua el día antes o aplicar el abono en la segunda mitad del riego, cuando el sustrato ya esté húmedo.
Qué fertilizante elegir
Un abono líquido equilibrado, de tipo 10-10-10 o 20-20-20 en la etiqueta, sirve para casi cualquier planta de interior con hojas verdes. Las plantas con flor, como las orquídeas o las violetas africanas, agradecen una fórmula con algo más de fósforo (el número del medio) en su época de floración. Los cactus y las suculentas necesitan poco nitrógeno y mucho menos fertilizante: con unas tres veces al año es suficiente.
Los gránulos de liberación lenta mezclados con la tierra al trasplantar también funcionan bien y te ahorran tener que acordarte. Nutren durante tres a seis meses; después, la planta vuelve al abono líquido o a un nuevo trasplante. No combines los dos métodos en la misma temporada.
Señales de que te has pasado
Puntas y bordes de las hojas secos y marrones. Una costra blanca en la superficie de la tierra o en el borde de la maceta. Hojas inferiores que amarillean y caen aunque la planta esté bien regada. O que la planta se marchite con la tierra húmeda, porque el exceso de sales le roba agua a las raíces en vez de dejar que la absorban. Si notas algo de esto tras abonar con frecuencia, para y lava el sustrato.
Para lavar el sustrato, lleva la planta a un sitio donde pueda drenar bien y echa agua despacio durante varios minutos, el equivalente a tres o cuatro veces el volumen de la maceta. Así expulsas las sales acumuladas por el fondo. Después, no abones durante seis u ocho semanas. Hacer esto una o dos veces al año, aunque no haya síntomas, es una buena costumbre si llevas tiempo sin trasplantar.
Señales de falta de abono
Hojas nuevas pálidas y pequeñas, poco o ningún crecimiento en verano y hojas viejas que amarillean de forma uniforme desde la base hacia arriba. Estos síntomas aparecen poco a poco, a lo largo de meses, y se corrigen con la misma calma: vuelve a abonar cada dos semanas a media dosis y espera a que los nuevos brotes salgan sanos. No intentes compensar con una dosis doble.
Las hojas amarillas suelen deberse más a un exceso de riego que a falta de nutrientes, así que comprueba la tierra antes de abonar. Si una planta tiene la tierra empapada y además le falta abono, primero hay que corregir el riego.
Plantas que necesitan menos abono
Las sansevierias, las zamioculcas, los cactus y la mayoría de las suculentas están adaptadas a suelos pobres y crecen despacio por naturaleza. Con abonarlas dos o tres veces al año es suficiente. A las plantas carnívoras nunca hay que abonarles la tierra. A los claveles del aire les va bien un abono muy diluido en spray. Y si una planta está enferma, la acabas de trasplantar o la acabas de comprar, déjala tranquila un mes: el sustrato nuevo ya lleva nutrientes y las raíces dañadas no asimilarían más.
Un recordatorio que se adapta a las estaciones
Pocket Botanist programa el abonado junto con el riego para cada planta que guardas, lo pausa durante los meses de invierno y te avisa cuando toca retomarlo en primavera. Registra cada abonado con un toque y la siguiente fecha queda lista. Gratis en iPhone y Android.
Fuentes
- Royal Horticultural Society, "Houseplants: growing and care." rhs.org.uk